Las torres siamesas fueron diseñadas por el destacado arquitecto chileno Alejandro Aravena y su equipo para la Universidad Católica, las que fueron construidas el 2005 en el Campus San Joaquín de la UC. El encargo consistió en una torre de vidrio para alojar el Centro de Innovación Tecnológica de la Universidad, y se trata de un único edificio que parte del suelo con una volumetría de torre, presentando en la parte superior un quiebre que genera la sensación de dos torres siamesas. El volumen se parte en dos a partir del séptimo piso. Se llegó a esta forma porque se contaba con una superficie reducida para una torre, de 5.000 m2, por lo que conseguir una proporción vertical resultaba imposible. Se logró así un edificio imponente pero a la vez amigable con el entorno, por la disposición de su basamento, accesible mediante rampas. La torre está cubierta por una doble piel, creando una cámara de aire ventilada que funciona como aislante térmico. Se trata de una torre adentro de otra torre, de vidrio por fuera y fibrocemento por dentro.

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