Dicen que el ahorro energético que se genera con la medida es, hoy, absolutamente marginal, y que el impacto en el cuerpo y la mente, no deja de ser inocuo.
 
Lo cierto que es el cambio de horario de verano a invierno se produce siempre la segunda semana de marzo (a excepción de estos últimos dos años, donde se ha implementado aproximadamente un mes más tarde), y no vuelve a la normalidad hasta la segunda semana de octubre. Es decir, 6 meses de “oscurantismo” que remarcan aún más lo poco agradable del invierno en santiago, con el flagelo endémico de la contaminación. Algunos prefieren más luz en la mañana para partir bien el día, otros prefieren más luz en la tarde para que la jornada se alargue y se puedan hacer actividades después del trabajo. En fin, a algunos les da mismo, pero a muchos no.

Comenta